sábado, 26 de mayo de 2018

Un canto a Bolívar-Pablo Neruda


                          Pablo Neruda
 Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, conocido mundialmente como Pablo Neruda, nace el 12 de julio de 1904, en la ciudad de Parral, situada en la región central de Chile. Fue un poeta chileno, considerado entre los más destacados e influyentes artistas de su siglo; El más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma, según Gabriel García Márquez. Además, fue un destacado activista político, senador, miembro del Comité Central del Partido Comunista, precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia.
                           
                       Obra de Pablo Neruda
   Estamos ante un poema muy importante en la obra de Pablo Neruda. Bolívar es un personaje esencial y, en este poema hay una deificación de este. Está presente en todo, ya sea en el cielo y la tierra, en los animales, etcétera. El país tiene una deuda de gratitud con su persona y con todo lo que hizo y consiguió.
   Bolívar representa la libertad, la fortaleza y la lucha. Frente a los que pretenden pisotear la bandera de la democracia, su figura se erige para defender a sangre y fuego esos principios. Bolívar es omnipresente y vela por los pueblos oprimidos y en lucha. Junto a la búsqueda de la libertad está también el dolor de los muertos, de la sangre que tiene el suelo. Su presencia se siente como real.

    Bolívar es un personaje fundamental en la literatura latinoamericana y su influencia es palpable en muchos autores de todo tipo de géneros literarios. Lo importante de este poema está en que continúa la temática social y de compromiso del poeta con el pueblo. Los levantamientos en diferentes puntos de Latinoamérica y del planeta, muy habituales en aquella época, no solamente se ven como una lucha de clases, si no como una reivindicación de la democracia y del pueblo para que la libertad y la democracia se erijan como elementos fundamentales de cualquier gobierno.                               
 
                           
                      Un canto a Bolívar
PADRE nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura,
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.

Tu pequeño cadáver de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma,
de pronto salen dedos tuyos entre la nieve
y el austral pescador saca a la luz de pronto
tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.

De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso.
Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.
Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo.

Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,
y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.
Y otra mano que tú no conociste entonces
viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:
de Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,
de la cárcel, del aire, de los muertos de España
llega esta mano roja que es hija de la tuya.

Capitán, combatiente, donde una boca
grita libertad, donde un oído escucha,
donde un soldado rojo rompe una frente parda,
donde un laurel de libres brota, donde una nueva
bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,
Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.
Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.
Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.
Los malvados atacan tu semilla de nuevo,
clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,
tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:
tu ejército defiende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
"Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".

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